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Benditos malos actores (2010) por El Despotricador Cinéfilo
En mi niñez siempre me sorprendió escuchar las tibias, desapasionadas y apagadas opiniones del inefable Carlos Pumares acerca de un mito como John Wayne, más aún siendo Pumares un apasionado y ferviente defensor del cine del gran John Ford (y decir Ford, al menos para mí, es también decir Wayne).
Puedo entender que a muchos críticos John Wayne no les parezca un buen actor, o simplemente que ni lo consideren un actor, pues únicamente hace de John Wayne en todas las películas, es decir, de sí mismo. Y no les faltará razón a todos esos críticos, pero yo siempre he pensado que benditos sean todos esos malos actores, porque, más allá de su talento y capacidad de actuación, el cine está necesitado de actores mediocres (o directamente muy malos) para realizar ciertos papeles, los cuales, paradójicamente (muy paradójicamente), ningún otro actor podría interpretarlos mejor que ellos por muchas tablas shakesperianas que tuviera a sus espaldas.
Pues ¿qué otro actor de la historia podría parar la diligencia mejor que John Wayne? ¿Qué otro intérprete podría transmitir con mayor contundencia sus sentimientos que Stallone subiendo las escaleras del museo de Philadelphia al compás del “Gona fly now” en Rocky? ¿Quién, aparte de Harrison Ford, podría interpretar mejor a Indiana Jones o a Han Solo? ¿Y qué decir de Patrick Swayze o Demi Moore en Ghost, Richard Gere en Pretty Woman, Sean Young en Blade Runner, John Travolta en Fiebre del sábado noche, Victor Mature en Sanson y Dalila, etcétera?
Es decir, la mediocridad o el hecho de ser un mal actor no está, en absoluto, reñido con la proeza de lograr interpretaciones magistrales y memorables, pues hay actores predestinados a ciertos papeles que, por pura magia del cine, consiguen brillar más que ningún otro gran intérprete de renombre: misterios del celuloide, embrujo de la gran pantalla.
Puedo entender que a muchos críticos John Wayne no les parezca un buen actor, o simplemente que ni lo consideren un actor, pues únicamente hace de John Wayne en todas las películas, es decir, de sí mismo. Y no les faltará razón a todos esos críticos, pero yo siempre he pensado que benditos sean todos esos malos actores, porque, más allá de su talento y capacidad de actuación, el cine está necesitado de actores mediocres (o directamente muy malos) para realizar ciertos papeles, los cuales, paradójicamente (muy paradójicamente), ningún otro actor podría interpretarlos mejor que ellos por muchas tablas shakesperianas que tuviera a sus espaldas.
Pues ¿qué otro actor de la historia podría parar la diligencia mejor que John Wayne? ¿Qué otro intérprete podría transmitir con mayor contundencia sus sentimientos que Stallone subiendo las escaleras del museo de Philadelphia al compás del “Gona fly now” en Rocky? ¿Quién, aparte de Harrison Ford, podría interpretar mejor a Indiana Jones o a Han Solo? ¿Y qué decir de Patrick Swayze o Demi Moore en Ghost, Richard Gere en Pretty Woman, Sean Young en Blade Runner, John Travolta en Fiebre del sábado noche, Victor Mature en Sanson y Dalila, etcétera?
Es decir, la mediocridad o el hecho de ser un mal actor no está, en absoluto, reñido con la proeza de lograr interpretaciones magistrales y memorables, pues hay actores predestinados a ciertos papeles que, por pura magia del cine, consiguen brillar más que ningún otro gran intérprete de renombre: misterios del celuloide, embrujo de la gran pantalla.
Algo pasa en Las Vegas (2008) por José Luis Martínez Orea
Inicio mi colaboración en El despotricador, empresa familiar pero abierta al infinito, con la crítica de una comedia que se exhibe estos días en los cines de España: ALGO PASA EN LAS VEGAS de Tom Vaugham.
Es una comedia romántica hecha a la medida de la protagonista Cameron Díaz,propósito que hasta los traductores del título en español (en el original What Happens in Vegas) han forzado haciéndolo coincidir con aquel "Algo pasa con Mary" (1998), famosísima comedia gamberra que en su día lanzó a la protagonista. Claro los Farrelly eran otra cosa.
El comienzo es interesante, rápido. Nos mete en el ajo o el embrollo (in media res) como muchas de las comedias clásicas de Hawks, Wilder, Minelli, Bogdanovich, Edwards, con unos primeros minutos en Las Vegas prometedores, pero que, según avanza el metraje, la película se vuelve tópica, previsible, y que, algún diálogo chispeante, alguna réplica realmente cómica, algún personaje secundario (Rob Cordry) hay una sensación generalizada de que la película está muriendo por momentos: Y lo peor es que sus personajes impostan y sobreactúan al darse cuenta de esa muerte anunciada.
Cameron Díaz.¿Por qué los personajes abundantes son tan buenos para la comedia? ¿Por qué los que tienen la boca desbocada, como un buzón de cartas, dan tanto papel? ¿Recuerdan a los dos buzones postales andantes que son Julia Roberts y Cameron Díaz disputándose el novio en "La boda de mi mejor amigo"? Sí Cameron es abundante en todo: los ojos se salen de la pantalla. Los brazos infinitos y las piernas larguísimas (vean las primeras escenas que bien camina con zapatos de tacón). A estas alturas con buenos directores ha aprendido ya a utilizar (movilidad, timidez, guiños, risas) su abundancia en la comedia.
¿Por qué aquí no? Lo peor es el montaje. da la sensación de que, cumplido el fin primordial de hacer una comedia de Cameron Díaz con Aston Cutcher, el nuevo guapo de moda, el joven marido de la talluda Demi Moore, todo lo demás ha salido fallido. Hay varias películas con distintos estilos en una. El final es el principio, no por el estilo, sino por aprovechamiento de descartes valiosos. Anacronismo en el maquillaje, como si la protagonista se hubiera ido a la playa a mitad de una escena. ¿Y que me dicen de la doble trama fallida? ¿Era necesario divorciarse y casarse dos veces? ¿Por qué en vez de ir los protagonistas frente al mar infinito a decir tonterías sobre amor y filosofía, no los manda otra vez a Las Vegas?.
Insoportable la segunda parte por la filosofía que desprende sobre la felicidad y el trabajo. Sobre la vida americana y la empresa privada. ¿Es mejor, más íntegro, trabajar en una ebanistería que en la bolsa? ¿Son así los jueces, los chinos integrados, los servicios sociales, las fiestas de empresa?.
Con ALGO PASA EN LAS VEGAS pasa que, si no la ve no pasa nada y, si la ve, tampoco. En fin, El Despotricador que mejor despotrique, buen despotricador será…
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