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Misión en la jungla (1961) de Gordon Douglas (por Father Caprio)
Los pecados de Rachel Cade (título orignal del film) debieron ser perdonados en la traducción española. Así Misión en la Jungla
tiene el mismo
aroma a penitencia y sacrificio que dos padrenuestros y cinco avemarías.
Y es que en los albores de los 60, lo verde aún empezaba en Los
Pirineos y las
españolas eran, oficialmente, castas Susanitas con ratón chiquitín. Pero
tampoco hay que ser demasiado duro con aquellos censores guardianes
infranqueables de nuestra moral y que nos preservaban de tantos
pensamientos impuros. En realidad los pecados de Rachel se reducían a
uno: al pecado de
ser mujer con un cuerpo normal y deseos normales. Y si hasta a Simón del Desierto,
feo como picio, en el film de Buñuel, se le aparecía la
tentadora serpiente con cuerpo de Silvia Pinal, que menos que a Angie
Dickinson se le aparezca una criatura beatífica, un Santo en todo su
juvenil
esplendor. Un Roger Moore pre Simon Templar y también pre Bond, en plan
guaperas y deseoso de vivir bien y acomodadamente.
Sin embargo ese accidente aéreo que da con sus huesos en pleno Congo Belga unido a las costumbres “relajadas” de la población indígena son algo así como la leña, las brasas, las...
Sin embargo ese accidente aéreo que da con sus huesos en pleno Congo Belga unido a las costumbres “relajadas” de la población indígena son algo así como la leña, las brasas, las...
Vestida para matar (1980) por El Despotricador Cinéfilo
Puedo llegar a entender desde un punto de vista muy objetivo (pero que muy objetivo) que ciertas películas de Brian de Palma tuviesen un gran éxito comercial en su día, sobre todo esas obras setenteras tan populares como "Carrie" (1976), "La furia" (1978) y "Vestida para matar" (1980), aunque vistas hoy en día parezcan tan infumables y pésimas, incluso la muy [desde siempre] sobrevalorada "Carrie" (esos 10 minutos finales a cámara lenta era para haber fusilado a De Palma o haberle revocado definitivamente su licencia de director, ¡¡ cuanto hubiésemos ganado !!).
Leí hace muchísimo tiempo que "Vestida para matar" debería haberse llamado "Vestida para plagiar", pues no es más que un plagio descarado y encubierto (bueno, no tan encubierto, pues el propio De Palma reconoce que es un plagio directo) de dos obras cumbres de Hitchcock, "Vértigo" (1958) y, sobre todo, "Psicosis". Y a mí esto me parece muy bien, si quieres rendir homenaje al gran Maestro pues plágiale con inmunidad, pero por favor, hazlo bien.
Y me jode especialmente porque puedo asegurar que los 40 minutos iniciales de "Vestida para matar" son excepcionales (sobre todo por el gran trabajo interpretativo de una impagable Angie Dickinson en el mejor papel de su carrera, sin duda), pero también por la hábil, retorcida, inquietante, sensual, espeluznante y angustiosa dirección de De Palma que mete de lleno al espectador en la historia, todo acompañado por la excelente, sobrecogedora y envolvente banda sonora de Pino Donaggio (aunque personalmente me parece más impactante y efectiva la de John Williams para "La furia").
Pero pasados esos 40 minutos la película se rompe, se quiebra, y no solo argumentalmente (que es lo que pretendía De Palma), porque si el Maestro Hitchcock sabe en "Psicosis" mantener todo el interés tras el asesinato en la ducha, y conseguir que el film sea tan interesante, perturbador y macabro antes y después de dicho asesinato, no se puede decir lo mismo de "Vestida para matar", pues a partir de ese momento todo es un desatino tras otro.
Para empezar Nancy Allen defiende como puede un personaje absurdo, inverosímil y anodino que ya no interesa al espectador, la trama se acelera buscando solo el efecto más directo y simplón, el guión de la trama desaparece por completo, se desaprovecha escandalosamente el genial personaje de Michael Caine (si se le hubieran otorgado más minutos la película hubiese sido más compacta e interesante), incluso hasta el personaje del policía hubiese sido un personaje de gran entidad con un guión más pulido.
Pero está claro que a partir del minuto 40 lo que le interesa a De Palma no es el guión, sino hacer el numerito circense de efectos tan manidos de crear ambiente de misterio, pegar sustos, aterrorizar y sobrecoger al mismo tiempo que homenaje/plagia a "Psicosis", pero claro, para conseguir eso no se necesita solo una cámara y una música de fondo, sino la solidez de un guión, y eso es algo que el amigo Brian no aprendió nunca.
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