Siempre se dijo que hacer reír es muchísimo más difícil que hacer
llorar. Y es cierto. Tanto que hay cómicos patéticos que si conseguimos
soportarlos hacen llorar más que otra cosa. Es por ello que el género
cinematográfico de la comedia es, posiblemente, el más difícil de todos y
tendemos a valorar más una película dramática que una cómica. Nos
impacta más y eso hace que la valoremos de forma distinta. Pero
cometemos una gran injusticia. Sin ninguna duda.
Seguro que todos tenemos nuestras comedias y nuestros cómicos favoritos y muchos, entre los que me cuento, guardamos en nuestra cinéfila retina recuerdos impagables de nuestra niñez. Ahí están El gordo y el flaco, Charlot, Jaimito y tantos otros, en carreras de autos, en peleas a tartazo limpio y tantas otras secuencias mágicas. En mi caso y desde la madurez he ido recuperando estas joyas impagables del séptimo arte y las he vuelto a ver intentado abstraerme de aquellas impactantes carcajadas infantiles colectivas y he hallado en ellas auténticos valores cinematográficos.
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Seguro que todos tenemos nuestras comedias y nuestros cómicos favoritos y muchos, entre los que me cuento, guardamos en nuestra cinéfila retina recuerdos impagables de nuestra niñez. Ahí están El gordo y el flaco, Charlot, Jaimito y tantos otros, en carreras de autos, en peleas a tartazo limpio y tantas otras secuencias mágicas. En mi caso y desde la madurez he ido recuperando estas joyas impagables del séptimo arte y las he vuelto a ver intentado abstraerme de aquellas impactantes carcajadas infantiles colectivas y he hallado en ellas auténticos valores cinematográficos.
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