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Paul Newman (2008) por Francisco Rodríguez Criado

A principios de año recibíamos la noticia de que Paul Newman dejaba el cine. En realidad lo que estaba dejando era la vida. Y qué vida, por cierto. El actor octogenario ha sabido labrarse una biografía que haría las delicias de cualquier hombre con ganas de comerse el mundo. Una biografía, eso sí, con luces y sombras. Ha conocido la insatisfacción laboral y el éxito en el ejercicio de su vocación artística; el amor y el desamor; el matrimonio y el divorcio; el nacimiento de seis hijos y la muerte de uno de ellos; ha grabado algunas de las mejores películas de todos los tiempos y también algunos bodrios infumables. En fin, en él coinciden el yin y el yang. Prueba de ello es que supo abandonar a tiempo su imagen de galán de cine para formar un hogar intachable, libre de escándalos, junto a su segunda esposa, Joanne Woodward, con la que lleva casado cincuenta años, que se dice pronto. Y es que Newman ha resultado ser un hombre de una sola mujer y de muchas salsas.

Filántropo, corredor de carreras, director y productor, dios griego y pobre mortal al mismo tiempo, su estela es irrepetible. Cuando no esté con nosotros, las cadenas de televisión emitirán compulsivamente sus películas: Dos hombres y un destino, El color del dinero, Mujeres culpables, La gata sobre el tejado de zinc, Cortina rasgada, Dulce pájaro de juventud, El golpe, Éxodo, La leyenda del indomable…

Paul Newman, mi actor preferido, dice adiós al cine y muy a su pesar dice adiós a la vida. Siempre le recordaré como ese antihéroe a lo Tennessee Williams que alimentó con sus magnéticos ojos azules los estériles sueños de mi adolescencia.

Comando secreto (1967) de Jack Smight (por El Despotricador Cinéfilo)

Existen ciertos tipos de películas a los que hay que cogerles el tono porque, si no, estás condenado a no disfrutarlas y a sentenciarlas como bodrios infumables. Un ejemplo clarísimo es este Comando secreto, con el cual, si no te metes de lleno desde el principio en su particular sentido del humor, corres el riesgo de aburrirte hasta la desesperación; pero si tienes la suerte de sintonizar con ese humor, disfrutarás de una comedia excepcional extremadamente divertida.

Por supuesto, no estamos ante un maestro de la comedia, pues Jack Smight es, ante todo, solo un artesano mediocre que intenta hacerlo lo mejor que puede. Por tanto, no intentemos encontrar en Comando secreto toques cómicos geniales a lo Lubitsch, Wilder, Berlanga o Allen porque no se encontrarán. Es más, si algo abunda en el film es el humor grueso y alocado, aunque, eso sí, nunca cae en la chabacanería y en la vulgaridad (si bien las roza continuamente).

En mi opinión, Paul Newman está muy bien, francamente bien, en un papel donde se esfuerza en crear un personaje absurdo pero convincente. Además, Newman tiene en cualquiera de sus películas (por muy malas que sean) ese toque mágico y especial en sus interpretaciones que solo las grandes estrellan poseen, es decir, impregna cualquier interpretación de toneladas de carisma, personalidad y presencia. Y Paul Newman es una estrella tan indiscutible que incluso en papeles tan imposibles como este sale airoso.

Además, el guión tiene algún que otro acierto hilarante que hace amena la visión y, aunque a veces se vaya por el camino facilón de la comedia más vulgar, sí que mantiene coherencia y ritmo en su peculiar sentido del humor. Si tuviera que destacar algo, más allá de la interpretación de Newman, sería la buena labor de todos los secundarios, muy ajustados y muy bien elegidos todos los actores en sus respectivos papeles. Sobre todo, un impagable y divertidísimo Vito Scotti en su papel de general Ferrucci.

Eso sí, insisto, hay que verla desde el principio con la certeza de que vamos a contemplar un absurdo e incoherente divertimento que incluso roza a veces el surrealismo con un humor muy particular y peculiar. Si conseguimos verla con esos ojos inocentes, entonces disfrutaremos al máximo de esta recomendable película.

Cortina rasgada (1966) por Vircenguetorix


Nadie puede negar que la última parte de la obra del genial Alfred Hitchcock está por debajo de lo que nos gustaría a sus seguidores (no digo los acérrimos porque esos no tienen verdadero criterio).

Si ya con Marnie la ladrona tenemos un cierto decaimiento cualitativo la verdadera crisis se produce con Cortina rasgada donde sir Alfred se mete en charcos que no debió tocar. Claro que como la gente aplaudió, prosiguió en la línea con Topaz que es aún peor. Con Frenesí vuelve hacer otra vulgaridad de mal gusto y curiosamente con su testamento La trama recupera a mi juicio algo del crédito perdido.

Es más si sus últimas cuatro películas no llevasen su denominación de origen a nadie le extrañaría que fueran mucho más criticadas, pero un sello es un sello y más si pone Hitchcock.

Con Cortina rasgada estamos ante un producto que bajo el pretexto de contar una historia de intriga y espionaje pretende crear un paroxismo anticomunista que se iba generando en la sociedad estadounidense y terminaría por dar la victoria a Richard Nixon unos pocos años después.

Se nota que el guión de un novato como Brian Moore es muy malo, y se exagera el subrayado de muchas escenas en vez de sugerir como era tradicional en el cine clásico. Pero claro la gente pide escenas violentas y Hitchcock nos da una buena ración.

Las situaciones son surrealistas (la escena del autobús, el interrogatorio de los profesores, la princesa polaca,...) y continuamente malintencionadas presentando a Alemania Oriental como el quinto infierno con hombres de gesto torcido con gabardinas negras y con cicatrices en la cara, programas de bombas atómicas, estudiantes haciendo de perros de presa, bandidos militares que asaltan las carreteras y mil cosas más. Y hombre aunque aquello no era Jauja no hacía falta que nos recordásemos que majetes somos los occidentales y nuestra democracia utilizando para ello la demonización del comunismo.

En cuanto a los actores decir que Julie Andrews está patética como casi siempre (sólo me gusta en ¿Víctor o Victoria? su mejor papel), por contra Paul Newman está francamente bien, incluso proporciona verosimilitud a situaciones infantiles de guión que el saca adelante con muchas tablas.

Tenemos unos buenos temas musicales de un clásico como John Addison (La soledad del corredor de fondo, Tom Jones o Un puente lejano) y una fotografía bastante floja en consonancia con la película.

En realidad el maniqueísmo de Hitchcock en esta cinta sólo hace que sea previsible sin ganar en intriga ya que va perdiendo la ambigüedad de películas como Psicosis o Los pájaros que hacían a la historia más sorpresiva.

Una película menor que se salva entre otras cosas por la actuación inconmensurable de Paul Newman, el ritmo del maestro Alfred Hitchcock y una buena banda sonora.