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El luchador (2008) por El Despotricador Cinéfilo


Ciertamente, no deja de ser curioso (o directamente lamentable) que el cine, a pesar de ser la conjunción del buen quehacer de muchos técnicos y artistas diferentes, pueda crear (buenas) películas que se sostengan única y exclusivamente por el talento excepcional del intérprete que las protagoniza. No puede haber un caso más representativo que este El luchador del siempre perturbador (aunque a veces decepcionante) Darren Aronofsky.

No hay que ser un lince (o un avispado crítico) para reparar en que estamos ante un film mediocre y banal que narra, por enésima vez, una historia que ya ha sido contada previamente docenas de veces. Es más, el guión en sí es carne de telefilme sensiblero y parece inspirado en muchos otros productos televisivos de este calibre. Por tanto, el factor sorpresa desaparece desde el primer momento, ya que enseguida, como espectadores, sabemos qué derroteros va a seguir la película y todo lo que va a pasar del primer fotograma al último. Es decir, el tedio se va apoderando de nosotros desde el mismo momento en que somos conscientes de que veremos una historia de originalidad cero y tan manida ya a lo largo de los años.

Algunos defenderán que el mundo de la lucha libre está magníficamente representado y dignificado, y que pocas veces se ha visto así antes en el cine; pero para mí eso no es suficiente, ya que la historia en sí es la misma (cambia la lucha libre por el boxeo, el béisbol o el fútbol americano y obtendrás el típico telefilm tantas veces visto).

¿Que Mickey Rourke está soberbio y espléndido y su interpretación trasciende a la simpleza del guión? Pues sí, es cierto, pero una película no es solo el actor que la interpreta, sino que debe contener otros muchos factores esenciales que la conviertan en un film memorable, y no solo en un ejercicio interpretativo magistral.