La primera entrega de los Oscars que vi en directo por televisión fue siendo casi un niño, concretamente los Oscars del 86 (el año de Platoon o Hannah y sus hermanas). Quedé tan deslumbrado, que la noche de los Oscars de cada año ha sido el momento más emocionante para mí de todo el año. No era solo cosa mía, siempre se estimaba que en esos años (finales de los 80 y principios de los 90) la audiencia de los Oscars alcanzaba más de 1000 millones de espectadores en todo el mundo, y se retransmitía a más de 180 países. Era un acontecimiento mundial, probablemente el evento más magno del año, no sólo para los cinéfilos, sino para cualquiera.
Yo mismo, entusiasmado, hacía esos años quinielas con mucha gente en todas las categorías, y dábamos premios al que tuviera más aciertos en la quiniela (en mis años de Universidad recuerdo que llegamos a votar hasta 42 personas). Y cuando ya llegaba la ansiada noche, casi no podía ni dormir los días previos de lo nervioso y apasionado que estaba. En parte era lógico. En una era en la que no existía Internet, la única forma de ver a las estrellas y a tus cineastas favoritos fuera de la pantalla, todas juntas, era en los Oscars, y solo una vez al año. Por eso era tan especial.
Junto con mi gran amigo Antonio Plaza, durante muchísimos años hemos disfrutado juntos muchas galas de los Oscars y nos hemos emocionado, entusiasmado y...
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