Me acuerdo perfectamente que fue el primer sábado de Enero de 1999
cuando recién levantado, y aún medio tarareando el “Good morning” de
“Cantando bajo la lluvia” (como prácticamente todos los sábados de mi
niñez, adolescencia y parte de mi juventud), llevaba mi tradicional
colacao al comedor y, cuando me quedaba solo un metro y medio para
llegar a la mesa, dijeron en la televisión que iban a emitir el tráiler
de la película que sería la más taquillera de 1999. Y yo me dije: “anda,
y ¿cómo saben cuál va a ser ya la más taquillera de todo el año?”. Me
giré y empezó el tráiler con una suave melodía que me era vagamente
familiar, segundos después estallaba el estruendo de la música del
Maestro Williams mostrando el tráiler de “La amenaza fantasma”
sucediéndose las imágenes a una velocidad vertiginosa con diálogos
sobrecogedores, mucha acción y mucha emoción. No sé cuánto duró el
tráiler. Solo sé que cuando puse la taza encima de la mesa no quedaba
nada en su interior y había un reguero de colacao inmenso por el suelo
del tembleque que me dio en la mano tras ver el tráiler. No puedo
describir lo extasiado, emocionado, alucinado, flipado y
arrebatadoramente sobrecogido que...
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