Mi ingenuidad cinéfila me sorprende más a menudo de lo que yo pensaba, pero vamos, yo encantando con ello, porque cuando ya pensaba que, tras verme cerca de un centenar películas del Maestro Ford, había disfrutado de sus mejores obras descubro inesperadamente que la última (y muy desconocida) película que rodó en su extensa filmografía, Siete mujeres, es una auténtica joya a reivindicar desde ya.
No sé por qué razón nunca he tenido especial interés por verla, nunca me ha llamado la atención y de hecho de niño el único comentario que escuché (al extremadamente fordiano) Pumares fue lo suficientemente desganado como para aniquilar mi motivación por verla. Pues bien, desde ya ratifico que estamos ante una obra mayúscula fordiana a la altura de otras películas de mayor renombre de ese mismo periodo.
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