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Las emociones incrustadas (2013) por El Despotricador Cinéfilo

Pocas cosas (por no decir ninguna) hay más perdurables que el cine que se ve en la infancia y que se te incrusta en el subconsciente para toda tu vida. Esos recuerdos y memorias afectivas hibernan ya para siempre dentro de nosotros y siempre salen a flote cuando se evocan. Yo fui consciente de ello en el año 2002 cuando fui al cine al reestreno de "E.T." por el 20 aniversario que se cumplía de la sublime Obra Maestra de Spielberg. En la escena de la despedida no pude contener los lagrimones que brotaban sin parar y el tremendo desasosiego que produce esa magistral escena. Esto me hizo cuestionarme ¿Por qué en las últimas décadas otras películas muy tristes y sentimentales como "Titanic", "Million dollar baby" o "Los puentes de Madison" no provocaron una sola lágrima en mí? Todas ellas me emocionaron y sobrecogieron, pero ninguna me hizo llorar. Y sin embargo, cada vez que he vuelto a ver "E.T." o escucho en el CD ese fragmento de la música del Maestro Williams lloro desconsoladamente. La explicación es bien fácil: "E.T." está incrustada en mi memoria afectiva de la infancia, y quizás subconscientemente no lloramos solo por la película que vemos, sino por rememorarnos vivamente las emociones que nos produjo en su momento. Y también lloramos por la infancia perdida y toda la inocencia que se fue con ella.

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