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La mujer de cemento (1968) por Father Caprio


La unión de El cuerpo (Raquel Welch) y La voz (Frank Sinatra) en películas B como estas (con B de bodrio, naturalmente) es absolutamente perniciosa para la vista (la nuestra).

Si. Ya se que se trata de un chiste fácil y les pido disculpas por ello pero la verdad es que no he podido resistirme a comenzar mi crítica de esta manera. Además, últimamente he visto quizás demasiadas películas de Capra y se me contagió lo de la buena gente y esas cosas, así que estoy tratando de evitarles un disgusto que aquí la experiencia es un grado y dado que yo tropecé, no vayan a hacerlo ustedes en la misma piedra.

Porque de eso va. De piedras, cemento y otros ladrillos. El film es un ladrillo absoluto capaz de dejar noqueado al instante al espectador más invulnerable. Es algo así como la mosca tse-tse en versión cine-alucinógeno de los 60, con música Starsky & Hutch y decorados Corrupción en Miami, ¡ah! y el gordo de Bonanza (Dan Blocker), banda sonora también incluida. Y todo por el mismo precio... ¿A que esperan? ¡Pasen, señores, pasen...!

Ni se les ocurra. Háganme caso. Salvo que sean ustedes incorregibles hooligans del cine detectivesco de los 60 con chicas, piscinas, matones de medio pelo y flores de loto de ademanes absolutamente exagerados. Y aun así yo me lo pensaría, porque la trama es de aquellas que parecen simples pero acabas retorciendo explicaciones. Y eso ya no. Que las neuronas ya andan muy desgastadas con la realidad cotidiana para que encima tengamos que ejercitarlas en sudokus como éste. Y que me perdonen los sudokus...

Nada más. Si a pesar de todo insisten. Allá ustedes...

1 comentario:

  1. Aurea García Fernández26 de febrero de 2011 a las 18:50

    La crítica me ha encantado. No podría expresarse mejor lo que fue ese tipo de cine absolutamente infumable. Y está bien avisar a los
    incautos no vayan a caer en la tentación y pierdan su tiempo miserablemente.

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