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El principiante (1990) por El Despotricador Cinéfilo


Debo reconocer que en su día me irritó bastante la forma en que Clint Eastwood nos despachó el bodrio de El principiante, sobre todo porque todo el mundo tenía muy reciente la grata sorpresa que fue descubrir su gran talento como director en dos joyas del calibre de Bird y Cazador blanco, corazón negro.

Ahora que he vuelto a ver El principiante, he podido hacerlo con otros ojos, y sí, efectivamente estamos ante una de las mayores bazofias de Eastwood como director; pero he reparado en algo que se me escapó en su día y es cómo la propia película está concebida deliberadamente para ser un bodrio.

Si uno analiza atentamente, puede percibir en todo momento cómo el film no se toma en serio a sí mismo en ningún instante; todo es un absurdo exagerado, incluso una especie de parodia de los films de acción de la década de los 70 y 80. Todo es un manantial de tópicos desmesurados, excesivos, rimbombantes e incluso yo diría que hasta circenses.

Quizás el fallo de Eastwood sea que debería haber hecho directamente una comedia, pero estaba claro que su finalidad en El principiante era recaudar mucho dinero para así financiar el coste de su siguiente Obra Maestra (la emblemática Sin perdón) y la mejor forma de obtener beneficios económicos era dando a las masas lo que le pedían: una vuelta de tuerca exagerada y paródica al fascistoide personaje Harry el Sucio.

¿Debemos juzgar severamente a Eastwood por ofrecernos de forma tan descarada y desvergonzada un film de pretensiones meramente comerciales? Pues yo creo que no; al fin y al cabo el cine, como todo negocio, tiene que financiarse, aunque a veces sea con productos de tan baja calidad. Y es algo que se debe perdonar y permitir a todos los directores, pues, por ejemplo, jamás La lista de Schindler hubiera pasado a formar parte de nuestras vidas si Spielberg no hubiese hecho antes la jugada (brillante comercialmente, pero nefasta cinematográficamente) de Parque Jurásico.

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