De nuevo los toros aunque esta Blancanieves recién elegida para competir en los Oscars nada tenga que ver con la recientemente comentada Manolete. Se trata en este caso de una originalísima y bella propuesta
completamente atípica y un punto gótica del cuento que los hermanos
Grimm escribieron hace 100 años. Pablo Berger su director (con impecable
curriculum académico) ha hecho una brillantísima traducción del
conocido cuento al esperpento español, o mejor andaluz, pues la
protagonista que se llama como es natural Carmen como su madre es hija
de torero y flamenca, y la historia se desarrolla en la Sevilla de los
años 20.
¿Cómo se logra ese dificil equilibrio entre lo ridículo y lo tierno, entre lo gótico taurino y la sátira social, entre el humor negro y el melodrama? Naturalmente con sabiduria y talento, eso sin ninguna duda. La película tiene un fascinante poder visual, una estética espectacularmente original, unos planteamientos audaces e insólitos con una cuidadísima puesta en escena verdaderamente exquisita que deviene en conmovedor homenaje a los grandes maestros del cine mudo y a sus grandes obras. Esto vale también para la dirección de actores con un casting acertadísimo que sabe sacar adelante con éxito aquello que se decía de los actores del cine mudo: "¿Para qué queremos las palabras si tenemos los rostros y las miradas?".
Extraordinaria está sin duda la gran Maribel Verdú en su papel de villana, pero lo mismo se puede decir de la niña Sofía Oria o de los breves papeles de Inma Cuesta como su madre o el de la veterana e insustituible Angela Molina como la abuela, y espléndida también la prota Macarena García en su primer papel importante. El mexicano Daniel Jiménez Cacho como el padre torero está genial, al igual que Pere Ponce, José María Pou y todos los demás hombres, incluidos los 7 enanitos toreros que están divinos todos ellos.
Ya digo, un casting de lujo magnificamente dirigido como también lo está, por insólito que pueda parecer, la mascota de la niña, el gallo Pepe que da un juego maravilloso a la acción, aunque ya sé que aquí el montaje habrá tenido mucho que ver.
Una de las cosas más originales de este film es la imaginativa adaptación de la famosa fábula a la iconografía taurina y al folklore andaluz de la época que funciona a la perfección hasta la última parte (que nos tranporta por cierto al maestro Ophuls y su Maria Montes) en la que no sé qué ocurre pero el magnífico rítmo inicial se va perdiendo (¿demasiados "posados" de la Madrasta?), las cosas no van encajando tan brillantemente como al principio y todo decae un poco dejándonos un tanto chafados y desencantados porque naturalmente esperábamos un film redondo, perfecto y !lástima! no lo es. Pero corran por favor a verla, pues la insólita experiencia que nos proporciona sin duda vale la pena.
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¿Cómo se logra ese dificil equilibrio entre lo ridículo y lo tierno, entre lo gótico taurino y la sátira social, entre el humor negro y el melodrama? Naturalmente con sabiduria y talento, eso sin ninguna duda. La película tiene un fascinante poder visual, una estética espectacularmente original, unos planteamientos audaces e insólitos con una cuidadísima puesta en escena verdaderamente exquisita que deviene en conmovedor homenaje a los grandes maestros del cine mudo y a sus grandes obras. Esto vale también para la dirección de actores con un casting acertadísimo que sabe sacar adelante con éxito aquello que se decía de los actores del cine mudo: "¿Para qué queremos las palabras si tenemos los rostros y las miradas?".
Extraordinaria está sin duda la gran Maribel Verdú en su papel de villana, pero lo mismo se puede decir de la niña Sofía Oria o de los breves papeles de Inma Cuesta como su madre o el de la veterana e insustituible Angela Molina como la abuela, y espléndida también la prota Macarena García en su primer papel importante. El mexicano Daniel Jiménez Cacho como el padre torero está genial, al igual que Pere Ponce, José María Pou y todos los demás hombres, incluidos los 7 enanitos toreros que están divinos todos ellos.
Ya digo, un casting de lujo magnificamente dirigido como también lo está, por insólito que pueda parecer, la mascota de la niña, el gallo Pepe que da un juego maravilloso a la acción, aunque ya sé que aquí el montaje habrá tenido mucho que ver.
Una de las cosas más originales de este film es la imaginativa adaptación de la famosa fábula a la iconografía taurina y al folklore andaluz de la época que funciona a la perfección hasta la última parte (que nos tranporta por cierto al maestro Ophuls y su Maria Montes) en la que no sé qué ocurre pero el magnífico rítmo inicial se va perdiendo (¿demasiados "posados" de la Madrasta?), las cosas no van encajando tan brillantemente como al principio y todo decae un poco dejándonos un tanto chafados y desencantados porque naturalmente esperábamos un film redondo, perfecto y !lástima! no lo es. Pero corran por favor a verla, pues la insólita experiencia que nos proporciona sin duda vale la pena.
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