El espectador tiene estos días la
oportunidad de disfrutar dos grandes películas que están triunfando en las
salas de cine: Intocable y Los idus de marzo. Ambas tienen guiones
milimetrados, un ritmo endiablado que no decae en ningún momento e
interpretaciones sobresalientes. Hasta ahí sus coincidencias. Más allá de la
calidad cinematográfica, sus propuestas son bien diferentes. Incluso podríamos
afirmar que, si nos atenemos a su mensaje, son diametralmente opuestas.
Mientras que Intocable ofrece una
visión amable e idílica del ser humano, al que retrata capaz, pese a todo, de
consagrar lo más noble de su corazón a una amistad exenta de prejuicios
sociales, Los idus de marzo, menos
complaciente, nos devuelve a la realidad al ofrecernos el enésimo ejemplo ilustrado
de por qué el afán de poder emponzoña nuestras vidas. La primera, una revisión
de la condición humana a lo Frank Capra,
narra una historia de amistad nacida para hacerle frente al infortunio, mientras
que la segunda, un thriller inmisericorde, disecciona los motivos por los que
cualquier intento de amistad en el mundo de la política está abocado al fracaso.
No voy a desvelar el argumento, pero
anticipo que en Intocable los actores
–y el público– no paran de reír mientras que en Los idus de marzo todos los gestos son graves, densos, sin espacio
para la alegría. El espectador pesimista pensará que Intocable es un cuento de hadas de excesiva bonhomía y el optimista
creerá que Los idus de marzo es exageradamente
negativa. En cualquier caso, estas películas retratan la cara y cruz de esa
condición humana a la que nunca conoceremos lo suficiente.
Más críticas de Francisco Rodríguez Criado en:
http://www.eldespotricadorcinefilo.com/francisco-rodriguez-criado.html
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