Deduzco, por consiguiente, que algo puede haberle ocurrido a Díaz Yanes con esta peli. Es posible que, con las prisas, el montaje haya sido excesivamente precipitado. También es posible que esos sospechosos boquetes en el guión sean producto de mi imaginación y que mi despiste sea fruto, simplemente, de alguna inoportuna visita al baño o a la nevera. Mucho me temo, sin embargo, que no sólo un servidor ha constatado tanto desatino.
Todo apunta a que Díaz Yanes ha querido quedarse con nosotros. Menudo rufián. Pretendía que nos tragáramos su triquiñuela fílmica y que descubriéramos en él al nuevo Tarantino ibérico. No, Agustín, no. No cuela. Me importa un carajo que lo que nos cuentes sea absolutamente inverosímil, pero ¡cuéntalo bien, joder! Al fin y al cabo, cuando uno no es un artista (es decir, cuando uno no posee suficiente talento como para hacer arte a través del cine) siempre queda la opción de convertirse en un buen artesano, ¿no?. Pero, no. Así no lo conseguirás, majete.
Te concedo un poco de mérito (y no menos) porque a pesar de haber construido tu thriller con el culo, la historieta no deja de ser entretenida y, afortunadamente, cualquier tuercebotas es capaz de atar todos esos cabos sueltos que te achaco. Sólo eso (y la presencia de Ariadna Gil, una tía que me pone un montón) te salva de la quema, güey. Eso sí, ve poniéndote las pilas. La próxima vez seré implacable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario