!Qué curioso!, según iba viendo esta película me venían tufaradas de "discreto encanto de la burguesía" (nadita que ver con Buñuel) y después recabando información sobre su director el chileno Sebastián Silva (1979) compruebo que efectivamente esa es su procedencia familiar, la alta burguesía santiaguina, y que su educación transcurrió en colegios católicos (¿del "Opus"?).
En el chalet familiar donde rodó la "peli" aparecen por doquier crucifijos de todo tipo y en los lugares más inverosímiles de la casa como una presencia omnipotente. Pese a sus muchos premios la película no deja de ser discretita (ya digo el encanto de la burguesía siempre "discretísimo") .El tema lineal y repetitivo se alarga, se alarga y se alarga ¿para contarnos qué?.Pues su personal homenaje a su "nana" o sea la "chacha" fiel de toda la vida que afortunadamente en España comenzó a desaparecer con la masiva emigración de los años sesenta que dejó a la burguesía española desasistida de ese sacrificado espécimen, pues las secuelas psíquicas que padecen estas mujeres traídas muy jovencitas, ignorantes e inexpertas desde las zonas rurales más de primidas a la ciudad son terribles.
Prácticamente enclaustradas en la "jaula dorada" de la "maravillosa" familia que la explota con mucho cariño, eso sí, y la sonrisa en la boca todo el día pero sin ningún "roce" ni afecto verdadero por más que ella piense !pobrecilla! que son "su" familia por la que se sacrifica más allá de sus fuerzas físicas y psíquicas por el temor a que prescindan de ella. "Esclavitud de terciopelo" la llamaría yo.
El director nos cuenta todo esto,"jijí, jajá",de forma encantadora y hasta divertida. La actriz de teatro y televisión Catalina Saavedra se encarga de sacar adelante al personaje de la "nana" con gran solvencia aunque hay que decir que no provoca la menor empatía dada las características físicas, psíquicas y emocionales del personaje pero la actriz convence y el premio que se le concedió en el Festival de Sundance y otros son merecidos. El resto del reparto también funciona, niños y adolescentes incluidos.
Para una tarde en la que no haya otra mejor cosa que hacer.
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