Encabezando el grupo de películas que hay que ver (antes o después de morir) y si es posible, repetir, está La loba, film dirigido por un director magnífico como William Wyler (Vacaciones en Roma, La heredera o La calumnia, entre otras) y fotografiada por un genial Gregg Toland en cuyo acreditado curriculum basta citar Ciudadano Kane de Orson Welles.
La loba es muchas cosas: Un actor de la talla de Herbert G.
Marshall, un vestuario esplendoroso, decorados y escaleras para los que
se acaban los adjetivos, un guión perfecto, pero por encima de todo La loba
es Bette Davis. Y Bette Davis fue la actriz en la que inmediatamente
pensó William Wyler trás ver la versión Broadway de la obra de Lillian
Hellman The Little Foxes con Tallulah Bankhead en el papel de
Regina. No lo tuvo fácil para hacerse con sus servicios. Como siempre
las productoras no eran generosas en la cesión de sus stars, si bien en
esta ocasión la Warner accedió a un trueque con Gary Cooper quien
rodaría para ellos El sargento York. Cuentan que, unas
astrónomicas deudas de juego de Jack Warner con Samuel Goldwyn, que
acabaron saldadas, contribuyeron al buen fin de la operación.
Bette Davis está simplemente perfecta. Es, junto con Eva al desnudo y ¿Qué fue de Baby Jane?,
su mejor trabajo. Su Regina es uno de los personajes más odiosos que
haya dado el séptimo arte. Imposible para muchas actrices, difícil para
otras, pero únicamente personalidades como la de Bette pueden meterse en
su piel y sobrevivir. Y en su caso, con nota cum laude… ¿Qué ayuda el
maquillaje? Si. ¿Qué el plano profundo de Toland capta mejor los matices
y los sentimientos, favoreciendo esa sensación de malignidad que
sobrevuela el film? De acuerdo. Pero el gesto, el ademán, la mirada, los
ojos, el rictus, la sonrisa que mata en lugar de acariciar… Todo ello
lo pone una actriz irrepetible: Bette Davis.
Un lucrativo negocio de algodón se convierte en el detonante de un
conflicto familiar donde tres hermanos se están ya repartiendo los
beneficios futuros al tiempo que un cuñado frena el trato basándose en
los bajos salarios y la injusta explotación de la clase trabajadora. Un
corazón débil, un frasco de medicina derramada y una Regina transmutada
en inmovil estatua de sal conseguirán variar el curso de una historia
donde no se admite ni siquiera el parpadeo y que nos deja abducidos ante
el televisor. Un escaparate donde la codicia pasea sus galas y la
ambición se beneficia de las flaquezas y ruindades humanas.
La película optó a nueve Oscars no consiguiendo ninguno. Sin entrar en
valoraciones acerca de la justicia o no de los premios otorgados, es
innegable que siquiera sea por el número de nominaciones estamos ante
una película magistral y única. Una verdadera obra maestra. Y ya que las
alforjas iban vacías al volver a pisar, en su salida, la alfombra roja,
quede aquí mi puntuación y mi recomendación para todos ustedes.
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