Que yo hable de fútbol es toda una contradicción y una rareza. Entre otras cosas
porque, a pesar de ser España campeona del mundo y de Europa de fútbol, lo
único que sé de este popular deporte es que se trata de unos señores que pegan
patadas a un balón el cual tienen que meter en una portería. Y, sin embargo,
muchas veces pienso lo gozoso que sería que un buen director hiciese una
magnífica película sobre fútbol y que reflejase toda la pasión, entusiasmo,
exaltación, garra, euforia, felicidad y arrebatadora excitación que conlleva
este deporte entre los fans.
Y, sobre todo, este interés me surge cada vez que veo una película americana
que narra las hazañas, logros y gestas deportivas de cualquier equipo de
béisbol, fútbol americano o rugby. De niño me quedé muy emocionado y
sobrecogido cuando Gary Cooper en la magistral El orgullo del los Yanquis
(1942, Sam Word) conseguía esas carreras, esos bateos y esas proezas deportivas
que me conmovían como si fuese yo el típico americano entendido en béisbol.
Tantos años después sigo sin saber nada de los reglamentos (y de hecho me
importa un bledo) pero me sigue apasionando lo bien que cuentan (y contagian)
los americanos el espíritu, el entusiasmo y la fogosidad por cada partido y la
trascendencia de cada uno de ellos. Para eso el cine americano es único, lo
hacen magistralmente y te hacen latir el corazón con frenesí como si un partido
fuese el mayor acontecimiento del mundo mundial (es como las películas de
juicios, nadie como los americanos ruedan las películas de juicios tan
impecable y convincentemente que consiguen conmoverte aunque sea una nimiedad
trivial lo que te estén contando).
Por ello, me revienta, al mismo tiempo que me sorprende, que no haya ningún director español, europeo o hispanoamericano que haya hecho a estas alturas una película decente sobre fútbol siendo una pasión que aglutina a millones de personas. De hecho, es triste pensar que probablemente la película sobre fútbol más popular que existe sea ese despropósito risible de John Huston llamado Evasión o victoria. ¿Es acaso tan difícil conseguir y emular lo que han hecho los americanos en sus películas cientos de veces con sus deportes nacionales? Cierto que ellos ya tienen mucho oficio y conocen todos los resortes y mecanismos para hacer la ecuación perfecta de intensidad, emotividad, acción y deportividad, pero ya va siendo hora de aprender la lección. Más aún en países donde el fútbol es más que una religión.
Por ello, me revienta, al mismo tiempo que me sorprende, que no haya ningún director español, europeo o hispanoamericano que haya hecho a estas alturas una película decente sobre fútbol siendo una pasión que aglutina a millones de personas. De hecho, es triste pensar que probablemente la película sobre fútbol más popular que existe sea ese despropósito risible de John Huston llamado Evasión o victoria. ¿Es acaso tan difícil conseguir y emular lo que han hecho los americanos en sus películas cientos de veces con sus deportes nacionales? Cierto que ellos ya tienen mucho oficio y conocen todos los resortes y mecanismos para hacer la ecuación perfecta de intensidad, emotividad, acción y deportividad, pero ya va siendo hora de aprender la lección. Más aún en países donde el fútbol es más que una religión.
Sinceramente es muy jugoso pensarlo porque si gracias al cine americano nos
emocionamos, sin tener la más remota idea de lo que es, al ver cómo se
consiguen esas carreras a la primera base, esos strikes, esos bateos, esos bloqueos,
esos touchdown, etcétera, entonces ¡cuánto más eufórico y conmovedor sería para
nosotros si encima supiéramos de lo que nos están hablando! En fin, habrá que
seguir esperando…
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