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Frenético (1988) de Roman Polanski (por El Despotricador Cinéfilo)

Uno de los elementos que más me han fascinado siempre en el cine del gran Hitchcock es como los argumentos de muchas de sus películas rozan continuamente la inverosimilitud, la incoherencia, el absurdo y el disparate y, sin embargo, te lo cuenta con tal maestría y talento que nos encanta y hechiza a pesar de lo inverosímil de su propuesta.

Pues bien, Polanski (otro gran Maestro, hay que reconocerlo, aunque durante muchos años no es que fuese fruto de mi devoción) homenajea al Maestro Hitchcock con este Frenético del que copia, paso a paso, todo lo que una película hitchcokiana debe tener, eso sí, impregnada y contaminada con ese maravilloso toque europeo, morboso, inquietante y delirante que caracteriza el cine de Polanski. El resultado: una película de suspense formidable, muy entretenida, con un sentido del humor muy negro, muy bien interpretada (hay que ver con lo mediocre y limitado que es Harrison Ford como actor y lo bien que se desenvuelve en determinados papeles en el que lleva todo el peso del film sobre sí mismo), con toques muy morbosos, mucha sensualidad, una extraña música estridente de Morricone y, sobre todo, mucha inverosimilitud e incoherencia delirante en todo el argumento (como si de un genuino Hitchcock se tratase).

Entonces, ¿hablamos de una película perfecta, una más, del siempre interesante Polanski? Pues no, porque a pesar de lo disfrutable y jugosa de su propuesta hay un elemento que Hitchcock jamás hubiese permitido: un error de casting tan tremendo como escoger a Emmanuelle Seigner como coprotagonista junto a Harrison Ford. Entiendo que el director, como tantos otros directores antes que él (un ejemplo también representativo sería Clint Eastwood con Sondra Locke), tenga tendencia a incluir a su pareja sentimental en sus películas. Lo triste es que estén cegados por ese motivo y no sean lo suficientemente inteligentes o intuitivos para darse cuenta que eso resiente y perjudica la película, al igual que pasó en otra película del director polaco: La novena puerta donde Seigner también era lo peor del film.

De todos modos es un desliz perdonable a una película recomendable, sobre todo por lo bien que retrata ese atípico, sombrio y gris París de los 80.

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