El mito clásico de la Edad Dorada aquello tan falso de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Que no, hombre ,que no, nos dice Woody y nos dirá cualquiera que no se mienta a sí mismo y haya reflexionado medio minuto sobre el tema. Pero los mitos ya se sabe perduran y perduran aunque a través de los siglos se vayan transformando.Todos pensamos que la vida de los otros es mejor que la nuestra y evidentemente no es así puesto que los otros piensan lo propio de la nuestra. El cine tiene esa innegable capacidad de crear mundos imaginarios,irreales que se nos presentan como más evidentes que la propia realidad de nuestro presente y no es la primera vez que el director neoyorquino le saca partido a esta capacidad que tiene el cine, pero aquí lo hace de forma tan sencilla y natural,con unas elipsis tan discretas que al cabo resultan brillantes y geniales.
Muy al estilo sencillo de Eric Rohmer o sea "nouvelle vague" o sea Francia nos presenta a los personajes en un París mítico,inexistente,bellísimo. Con una banda sonora que en cuanto salga al mercado iré sin remedio a buscarla y es que tengo que confesar que el París de Woody Allen fue justamente el mío que incluso entonces ya no existía, nos lo inventábamos.
Los actores están impecables en sus cometidos aunque a la bella Marion Cotillard la hemos visto brillar más en otros trances y aquí lo tenía fácil pero bueno; hasta el cameo de la Bruni queda simpático así como el de Adrian Brody representando a Dalí. Todos están muy bien.
Por más que últimamente hayamos despotricado del maestro Woody Allen en alguna ocasión, en esta última entrega la verdad es que nos hace salir del cine contentos y sonrientes que no es poco. Deliciosa sí, llena de gracia y soltura estoy de acuerdo.
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