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Simón del desierto (1965) por Vircenguetorix
Luis Buñuel tiene obras geniales, maestras, irregulares y lamentables. Simón del desierto pertenece a ese último grupo, por suerte el menos numeroso.
En México hizo algunas de sus mejores películas sin duda, pero es innegable que cuando llegó el momento de volar a Francia lo hizo con ganas. La tierra de los aztecas le había tratado muy bien pero ya le resultaba poco estimulante porque allí sólo podía tocar los temas sociales o la crítica religiosa, y él ya quería hablar de lo que más le importaba, el sexo. En el país galo lo conseguiría.
Otro director con menos fama que él hubiera puesto los medios e ingenio –de ambos estaba sobrado- para terminarla y no lo hizo porque la historia de Simón el estilista no dejaba ser una vieja obsesión de Buñuel de su etapa de estudiante que hacia reír a Lorca.
Los sketch –no hay mejor forma para referirse a esta película- que se van sucediendo son flojos y desacertados, buscando más la simple provocación que la crítica inteligente. Piénsenlo otra vez y díganme de verdad si piensan que son brillantes. ¿De veras? Sinceramente creo que sea un producto made in Buñuel y sobre todo antirreligiosa le pone a mucha gente. Nada más.
Buñuel le gustaba ir contracorriente y en su tiempo esta obra podía ser hiriente, eso es todo. Si el bueno de Luis viviese hoy estoy seguro que haría películas contra las ONGs o el pensamiento políticamente correcto de nuestros días, que es el buenísimo.
El caso es llevar la contraria, y Buñuel decidió que si estaba prohibido abortar, él tendría su aborto y lo hizo con esta curiosa, inacabada, lacia y decaída película consiguiendo matar al feto.
Ustedes pueden quedarse con este aborto, yo me quedo por ejemplo con ese niño bien parido que es Viridiana.
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