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Capricornio Uno (1978) por El Despotricador Cinéfilo
He de reconocer gratamente asombrado que no esperaba que me gustara tanto esta película, y como casi sin darme cuenta me fui metiendo en ella cuando tenía pocas expectativas de que me gustase, pues por regla general todas las películas de astronautas suelen ser bastante aburridas (inclusive las muy sobrevaloradas Apolo 13 y Elegidos para la gloria).
Pero Capricornio uno sabe combinar magistral e inteligentemente todos los elementos de varios géneros: el thriller político más intenso, la acción más trepidante, la denuncia social, la emoción más conmovedora, la intriga (al más puro estilo Hitchcockiano), el suspense, la aventura e incluso hasta unos afortunados toques de humor a cargo del personaje de Elliott Gould (y en menor medida del desmadrado Telly Savalas en un breve pero impagable personaje).
Y cuando ya está a punto de terminar la película con el previsible final que todos esperamos, es cuando literalmente Peter Hyams rompe y quiebra su excelente dirección hasta ese momento, porque ese final se podría haber rodado de 10 maneras diferentes, y posiblemente todas ellas serían impecables, pero Hyams tuvo que elegir probablemente la más torpe, cutre y sensiblera que uno podría concebir.
El poner a James Broslin en la escena del cementerio corriendo a una lentísima (y por supuesto inadecuada) cámara lenta para su feliz reencuentro, acaba rompiendo todo el ritmo y filosofía de la película, convirtiéndola así en un telefilm barato, cutre, de una cursilería tal y de una torpeza de dirección que te deja tan mal sabor de boca.
La única explicación plausible que encuentro (y que quiero creer), es que esa escena fue rodada por el segundo operador y no por Hyams, porque sino no me explico como durante 120 minutos te hace disfrutar como un cosaco, para estropearlo con uno de los finales más pésimamente rodados que puedo recordar.
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